Entrevistas Alumni

Sílvia Plana Subirana
Sílvia Plana Subirana
28/09/2018
Helena Loaiza
Alumni


Máster de Conflictologia





Sílvia Plana Subirana: Empoderando a mujeres víctimas del conflicto

 

La violencia ha traído consigo un gran número de historias trágicas que, en muchas ocasiones, no caben en la imaginación de alguien que nunca ha vivido situaciones de guerra.

Para Sílvia Plana, la mirada es diferente: hoy en día ella busca, desde su trabajo, solucionar dichas historias o por lo menos evitar que se sigan repitiendo en el mundo; lo hace desde su núcleo laboral, que se desenvuelve en zonas de conflicto en Colombia.
 

 

¿Cómo comenzó todo?

Sílvia Plana Subirana se graduó en Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona y, mientras viajaba y trabajaba, decidió estudiar en la UOC el máster de Conflictología, tema que la apasionaba y en el que quería desempeñarse laboralmente tras haber sido pasante de comunicaciones en la Cruz Roja Española y haber estado en México, y tras conocer de cerca las implicaciones de un conflicto armado como el que por esa época se vivía en esa nación a causa del narcotráfico.

Su trabajo en derechos humanos, y específicamente en el tema de mujeres víctimas de violencia, comenzó en Ginebra, Suiza, en la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, lo que la llevó a Lagos, en Nigeria, donde desempeñaba la labor de empoderamiento económico y educativo de mujeres, pero por temas de seguridad tuvo que salir del país africano.

Después de esta experiencia, llegó a Chile, donde trabajó para Amnistía Internacional y se enfocó más en activismo y temas centrados en derechos sexuales y reproductivos, y de la mujer. Estando en el país austral, empezó a trabajar en una fundación denominada Proyecto Propio, y allí desarrollaba e implantaba políticas públicas en barrios vulnerables de Santiago, lo que le proporcionó aprendizajes de trabajo con comunidad.

El siguiente paso fue Colombia, un país que ha sido, históricamente, atacado por la violencia en el marco del conflicto armado. Sílvia sabía que el trabajo allí sería más duro, y suponía todo un reto para su carrera profesional. Trabajó en la organización de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, donde coordinaba proyectos de derechos sexuales y reproductivos con incidencia internacional, nacional y departamental, en los que conocía a la comunidad y trabajaba de primera mano con ella.

Empoderando a mujeres

Para Sílvia, ya no es raro escuchar las trágicas historias que ha dejado la violencia, aunque le siguen sorprendiendo, porque no acaba de entender cómo el mal puede hacer de las suyas derrumbando a familias y sueños construidos.

Ella trabaja ahora para que las mujeres se empoderen y sigan adelante, aunque, como ella misma dice, son heroínas, porque a pesar de los hechos atroces que les tocó vivir, han seguido caminando, luchando con la vista al frente por sus hijos y por su país.

Son mujeres campesinas, que en medio del conflicto armado colombiano han tenido que soportar que entren en sus casas, asesinen a su esposo, sean abusadas sexualmente y amenazadas por miembros de grupos ilegales que buscan quitarles sus hijos para llevarlos a luchar en una guerra que no es de ellos; finalmente, ellas terminan dejando atrás su tierra, su casa, para llegar a cascos más urbanos, sin nada que comer, sin tener donde dormir, a rebuscar algo de dinero para que sus hijos puedan dormir con el estómago lleno.

Hoy, Sílvia las escucha y trabaja de la mano con ellas para darles a conocer sus derechos humanos, los básicos, que muy pocas conocen.

«No voy a dejar que el odio sea el protagonista de mi vida»

Esta frase sí que deja una enseñanza, y es que Sílvia, mientras nos cuenta cómo es su trabajo y cómo ha aprendido de cada una de las mujeres con las que trabaja en los departamentos del Caquetá y el Cauca en Colombia, nos va enseñando también a nosotros que en muchas ocasiones estamos en una burbuja citadina en donde la guerra no es tan perceptible.

Las mujeres, tras sufrir y pasar por su momento de dolor, dejan el odio de lado, ya que dicen que, si siguen odiando, ello se convierte en un protagonista de su vida que no les deja ver otras cosas más importantes.

El mensaje que deja Sílvia y las mujeres tras terminar este proyecto de empoderamiento es simple: ¡No estás sola! Si hay violencia económica, física, intrafamiliar, psicológica, sexual, simbólica, institucional o feminicidio, la invitación es denunciar: hay organismos nacionales e internacionales que pueden ayudar.

Para la paz se necesita la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y la plena garantía de sus derechos humanos.

 

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