Entrevistas Alumni

Jesús Bosch - Entrevistas UOC Alumni
Jesús Bosch
05/03/2018
Roser Reyner
Alumni

Graduado en Multimedia y Master Universitario de dirección de las organizaciones en la economía del conocimiento





Jesús Bosch: «Mi habilidad más importante ha sido encontrar a gente más lista que yo y que me ayude»

 

Jesús Bosch Ayguadé (Lérida, 1980) es programador y empresario. Graduado del grado de Multimedia y del Master Universitario de dirección de las organizaciones en la economía del conocimiento de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), actualmente dirige tres empresas tecnológicas con clientes internacionales que funcionan gracias a jóvenes talentos que trabajan desde donde quieren. Se trata de  Starshot (software y aplicaciones), Starloop y Game Troopers (videojuegos). En vista del éxito, reconoce que tal vez le convendría instalarse en una ciudad como San Francisco (EE. UU.), donde «pasan todas las cosas». Pero por ahora no se quiere mover de Lérida, donde reside con su familia y donde explica que tiene mucha calidad de vida. Hacemos la entrevista a distancia: Bosch propone a la entrevistadora conectarse a un robot que ella misma puede mover por la oficina de Lleida mientras conversan tranquilamente. Hasta que el ordenador de la entrevistadora dice basta y toca seguir por teléfono. 

 

Hoy te entrevistamos para la UOC y dentro de poco participarás en una charla de ESADE sobre reinventarse. ¿Qué has hecho para que las universidades en las que te has formado te pongan como ejemplo?

Supongo que haber creado varias empresas y querer crear más. Crearlas y que funcionen. Y hacerlo viniendo de una familia muy humilde. Nadie me ha regalado nada. 

¿Por qué crear tantas empresas?

A mí me gusta construir cosas. Tal vez incluso me gusta más construirlas que luego dirigirlas. Monto un equipo y un modelo de negocio que funcionen, con un socio que lo lleve, y hago un seguimiento continuo. Las empresas dan oportunidades de relacionarse con gente nueva, de conocer mundo, de negociar, de viajar. Y cada empresa es como una máquina de generación de experiencias y oportunidades.

¿Podríamos decir que todo comienza en la infancia, con tu pasión por los videojuegos?

De hecho, yo de pequeño ya quería ser empresario. No sabía de qué. A mí siempre me contaban que mi abuelo había tenido no sé cuántos trabajadores y que mi otro abuelo también pertenecía a una familia rica, pero que había ido a menos. Supongo que pensé que yo, esto, lo tenía que arreglar. A los catorce años descubrí que existía algo que se llamaba programación... e intenté hacer un programa de gestión para mi padre, que trabajaba en la construcción. Pero, si tengo que ser sincero, aquel primer programa no funcionó [risas].

Con razón dicen que es importante equivocarse cada vez mejor.

Mi habilidad más importante ha sido encontrar a gente más lista que yo y que me ayude.

¿Cuándo decides que quieres estudiar programación? ¿Fuiste lo que llaman un «buen estudiante»?

Yo era un estudiante horrible. Sufrí acoso (bullying) en la escuela, no me gustaba nada. Intentaba ir a clase lo menos posible. Me hacía el enfermo. Repetí curso dos veces seguidas. Fui avanzando lentamente: llegué a la universidad, pero la dejé. Después hice un ciclo formativo. Y más tarde estudié Multimedia en la UOC. Mientras trabajaba en la empresa Indra redescubrí los videojuegos y participé en un concurso de ámbito estatal.

Y aquí cambia todo.

Quedé tercero. Aparecí en un diario provincial de Lérida y me llamó un pequeño inversor, que prefirió crear una empresa que comprarse un coche nuevo. El primer año fue horrible, el segundo también y el tercero todo comenzó a funcionar bastante bien. 

¿Por qué horrible?

Nadie compraba nuestros juegos. Buscamos clientes en Lérida interesados en que hiciéramos aplicaciones para ellos. Pero la clave fue la internacionalización: empezar a buscar clientes en otros países. El primer cliente fue de Dinamarca, el siguiente de Israel y después, sobre todo, de Estados Unidos. Allí tuvimos la suerte de que un cliente nos contrató y resulta que todavía hoy es el socio que tenemos en Estados Unidos. 

Entre las compañías que has creado, la más nueva, Starshot, no ha dejado de colgar ofertas de empleo en LinkedIn en los últimos meses.

Comenzamos el año pasado con tres o cuatro personas y ahora somos sesenta.

¿Cuál es la clave?

Hacer una propuesta de valor. Porque lo que hacemos no es tan extraordinario: en Starshot hacemos software y aplicaciones web, y hay mucha más gente que lo hace. La cuestión es qué nos distingue del resto y la respuesta tiene tres partes. Primera, un diseño muy bueno de las aplicaciones. Segunda, una gente muy buena que lo haga posible. Gente que trabaja en línea desde casa, lejos de Lérida, o en casa en la misma Lérida o en la oficina de Lérida. Como quieran. La tercera parte es saber vender. Tener un equipo de ventas. La clave es la internacionalización. Y la ventaja de tener varias empresas es que crean sinergias entre sí. 

Por cierto, Starshot coincide con el nombre del proyecto de Stephen Hawking para buscar vida en los planetas que orbitan alrededor de la estrella más cercana al Sol. ¿Casualidad?

Me gusta mucho la astronomía. De momento, yo tengo la marca registrada por si lo consiguen.

Hablas de una gestión 3.0 de la empresa. ¿Qué significa para ti 3.0? 

Tiene que haber una dirección, una estrategia, pero debe ser omnidireccional. Todo el mundo debe poder aportar. Si tapas la boca a gente con talento, se irá. Hemos puesto en marcha un programa de emprendimiento corporativo para que los trabajadores puedan proponer proyectos nuevos, completamente diferentes y disruptivos, y ponerlos en marcha. Para que puedan crear una empresa que tenga detrás la fuerza de la empresa madre: recursos humanos, financieros, de marketing, contactos... Son ventajas para todos.

Hace más o menos ocho años que eres emprendedor, palabra que suele acompañarse de proclamas de valentía y positividad. ¿Y los errores?

A veces, desde la Administración, se nos anima a hacer cosas que son peligrosas. Uno debe emprender si realmente tiene ganas y está preparado. Por ejemplo, para mí es arriesgado capitalizar el paro para poner en marcha una empresa sin tener ninguna preparación ni ninguna idea de marketing. Mucha gente me dice que querría ser emprendedora por la libertad o por el dinero. Yo hace siete años que no hago quince días seguidos de vacaciones. Otros dicen que así no tienes un superior. Tu jefe es tu cliente. Pienso que el dinero no debería ser el motivo para crear una empresa. El motivo debería ser querer hacer una aportación importante. El dinero vendrá después, con la aportación de valor de tu empresa.

¿Cuál crees que es ahora mismo tu aportación? 

Todavía no he llegado a hacerla y no te puedo decir cuál es porque no me atrevo. Pero me gustaría hacer cosas un poco más interesantes: hoy, con todos mis respetos, en el ámbito tecnológico hay mucha gente superinteligente trabajando para que alguien mire más un anuncio. Me gustaría hacer un proyecto atrevido e innovador que solucionara problemas más importantes. Una de las cosas que me gustaría es llevar a cabo un proyecto de formación global.

De hecho, hoy, los propios videojuegos ya se empiezan a utilizar en el ámbito educativo y no son solo para entretenimiento...

La realidad virtual y la realidad aumentada tienen muchas posibilidades de cambiarlo todo. Nosotros trabajamos con la UOC en este ámbito. Además, en otro ámbito, estamos creando un simulador de operaciones quirúrgicas para los estudiantes de medicina, para simular qué pasa en el cuerpo humano cuando el médico corta con el bisturí. Y el propio Mark Zuckerberg apuesta por transformar la educación utilizando la realidad virtual. Creo que la educación debería ir por ahí. 

El mundo de la programación está a la orden del día...

Tiene buenas posibilidades laborales y te permite trabajar en todo el mundo. Un informático que sea un buen ingeniero puede ir a todas partes. Y la mayoría de las empresas de nueva creación son de TIC. Hace poco fui a una escuela rural a dar una charla y, con una niña que se presentó voluntaria, creamos un videojuego sencillo. Ojalá que esto haya servido a esos alumnos para ver que la informática permite hacer cosas divertidas. 

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