Entrevistas Alumni

Javier Moreno Jabardo
Javier Moreno Jabardo
14/04/2020
Roser Reyner
Alumni

Ciencias Empresariales





«La crisis del coronavirus significará un cambio radical en las organizaciones»
 

A los veinte años, un taller de desarrollo personal le cambió la vida: se hizo responsable de sí mismo, según cuenta. Ahora, Javier Moreno Jabardo también es responsable de Desarrollo y Gestión de Talento de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Cursó parte de su extensa formación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC): primero cursó la antigua diplomatura de Ciencias Empresariales y posteriormente dos posgrados, sobre publicidad en línea y gestión de proyectos respectivamente. Es autor del libro Algunos lo llaman: REPUTACIÓN ONLINE y está tan convencido de que hay que formarse continuamente como de que el trabajo no lo es todo. 
 

 

Estoy llamando a Madrid, en plena crisis del coronavirus, al responsable de Desarrollo y Gestión de Talento de la Asociación Española contra el Cáncer. ¿Cómo estáis viviendo la situación?

Tenemos una sede por provincia y unos 1.100 empleados. Nos hemos ido adaptando a las circunstancias y, finalmente, hemos tomado la difícil decisión de cerrar la gran mayoría de sedes o, en su defecto, prestar servicios mínimos. También hemos cerrado la sede central, que está aquí en Madrid, y nos hemos confinado todos en casa. Las personas de oficinas estamos trabajando con cierta normalidad gracias a las tecnologías, que también nos permiten prestar a distancia los servicios de orientación sanitaria y de atención psicológica y social. Teníamos un call center, llamado Infocáncer, que funcionaba 24 horas, y ahora hemos preparado los puestos para que los agentes sigan dando respuesta a las necesidades de los beneficiarios desde casa. Nos estamos manejando bastante bien, dentro de lo que cabe.

Como amante de la transformación digital y experto en negocio, tecnologías y gestión de personas, ¿qué piensas que puede cambiar tras esta crisis global por lo que respecta al funcionamiento de las organizaciones y a la relación de estas con sus empleados?

Es una conversación que he tenido recientemente. Creo que nos va a afectar, no solo en el ámbito organizativo, sino también en el social. La tecnología va a ser protagonista, porque nos está demostrando que las cosas pueden funcionar casi con normalidad gracias a ella. Va a haber un cambio radical en las organizaciones. Muchas llevaban años peleando por la transformación digital sin saber muy bien cómo transformarse para dar respuesta a los nuevos modelos de negocio. Ahora el proceso ya no es democrático: no nos queda otra y se va a hacer un esfuerzo leonino para conseguirlo en muy poco tiempo. Las organizaciones están ya poniéndose las pilas para seguir dando respuesta a los consumidores o, en nuestro caso, desde el tercer sector, a los beneficiarios. Sin embargo, muchas organizaciones no van a poder superar esto. Y luego está la parte más humana… Esta situación nos va a cambiar, vamos a empezar a valorar cosas que no valorábamos hasta hoy.

¿Por ejemplo?

Pues lo más básico: la relación con las personas, el estar en contacto con otros y cosas que nos retrotraen a nuestros instintos más básicos, como comer.

Hablando de cambios, alguna vez has dicho que a los veinte años la ponencia de una persona cambió tu forma de ver la vida. ¿Nos lo puedes contar?

Pues por aquel entonces no tenía muy claro qué hacer ni personalmente ni profesionalmente, y por circunstancias de la vida me dedicaba a diseñar páginas web. Una compañera de trabajo me puso en contacto con una persona que quería montar una web. Era un profesional que se dedicaba a temas de desarrollo personal y que tenía un par de cursos vinculados con estos temas. Quería darles promoción mediante la web y, para que yo conociera el producto, me invitó a uno de los talleres que, ciertamente, me cambió la vida. Me hizo darme cuenta de todas las limitaciones que me ponía, de lo enfadado que estaba conmigo mismo; de que era mi responsabilidad quitarme las mochilas que llevaba, avanzar e intentar pelear por lo que yo quería en la vida. Me ayudó a llegar donde estoy ahora y a no rendirme.

¿Coincidió en el tiempo con tus primeros estudios, de Ciencias Empresariales, en la UOC?

Más o menos. Yo lo hice todo al revés. Comencé Ciencias Políticas en la universidad y lo dejé. Luego cursé un módulo de diseño y desarrollo web y empecé a trabajar en esto. Después estudié un máster. Me cogieron por experiencia profesional. Y después comencé a estudiar en la UOC. Y eso coincide con el momento en el que decidí hacerme responsable de mi vida y avanzar.

¿Por qué escogiste la UOC?

Mi madre es catalana. Un poco por afinidad y, evidentemente, por practicidad. Estaba trabajando y busqué una universidad que me permitiera compatibilizar mi trabajo con mis estudios. Me gustó mucho la metodología de formación continua de la UOC. Y estudié en catalán, para repescar la lengua, que no quería que se me oxidara.

Desde entonces, has seguido formándote, entre otros, con dos posgrados en la UOC. Hoy en día, ¿invertir tiempo y dinero en formación es imprescindible para hacer lo que uno quiere? 

Sin lugar a dudas. Hace pocos días estuve dando una conferencia virtual en otra universidad y les hablé de esto. Creo que hoy en día tenemos que estar constantemente sujetos al cambio y aprendiendo. No solo quienes son inquietos, sino todos, porque las organizaciones lo demandan. 

¿Crees que las empresas y organizaciones pueden ayudar más a los trabajadores en esto?

Sí. Por temas presupuestarios, muchas veces no dan respuesta a todos los empleados. Además, en este país tenemos un tejido empresarial muy «de pyme» y, a menudo, no hay recursos para formar a todos los empleados. Deberíamos prepararlos más, no solo en cuanto al aprendizaje formal, sino al menos para que tengan capacidad de autoaprender. Hay gente que tiene poca iniciativa, y esto se puede trabajar. 

¿Algún ejemplo?

Los llamados entornos personales de aprendizaje. Son entornos web que te permiten tener diferentes fuentes, como YouTube o algún blog, con información relacionada con tu puesto de trabajo. Día a día, te vas nutriendo de esa información que te permite estar actualizado de manera constante. Y no paras de crecer. 

Volviendo a tu actual ocupación profesional: como comentabas, las personas que hacen funcionar la AECC son más de mil empleados y unos 25.000 voluntarios activos, que están repartidos por todo el territorio español. ¿Cómo se promueve el talento y la transformación en este contexto?

Mi área está compuesta por tres patas. Por una parte, la selección de personal: hasta el momento actual estábamos creciendo una barbaridad, porque nuestro plan estratégico quería ayudar a más gente, que es lo que hace bonito nuestro trabajo. Por otra parte, tenemos la formación. Y luego, otro cajón de sastre, que tiene mucha relación con el desarrollo del talento: un nuevo modelo de evaluación que estamos desarrollando y que nos va a permitir gestionar el talento mediante la contribución y las capacidades de los profesionales, estas últimas entendidas como potencial. 

El hecho de que no sea una organización lucrativa, ¿cambia el enfoque a la hora de seleccionar personas o en cuanto a las personas que quieren trabajar en ella?

Nos basamos en dos comportamientos: la resiliencia, que pensamos que es clave para todo profesional que está nuestra organización y, sobre todo, es fundamental la orientación al servicio, es decir, a las personas. Somos una organización que ayuda a la gente. 

Es la organización más social en la que has trabajado hasta el momento. ¿Esto te cambia?

Totalmente. Yo llevaba unos años haciendo consultoría y siempre comentaba con mi entorno más íntimo que lo que me gustaba era ayudar a las personas. Siempre me ha hecho sentir muy satisfecho conmigo mismo. Y llevaba tiempo pensando: si con la mochilita profesional que tengo pudiera ayudar a alguien, sería fabuloso. Y la AECC se me cruzó en el camino. Y te cambia. Una barbaridad. Si crees en la misión de la organización, es maravilloso.

Quizás será difícil volver luego al ámbito lucrativo…

No se sabe, y menos en estos tiempos de incertidumbre, pero esta experiencia no la cambio por nada.

Para realizar tu trabajo, es decir, gestionar personas y transformar organizaciones, ¿qué formación y habilidades se necesitan hoy en día?

Nos está pasando que, para nuestro departamento, estamos contratando a gente que no es de recursos humanos, y eso le da una frescura brutal. Porque, al tener diferentes perfiles, podemos tener una visión diferente de cómo gestionar a las personas. Hay gente más enfocada al tema normativo y legislativo, que nos da una visión muy realista. Hay otra gente más enfocada al negocio, que también nos ayuda a entender que a las personas hay que alinearlas hacia la misión. Y, evidentemente, el departamento está cargado de psicólogos. Y eso le da un punto humanista que me encanta. Entonces, ¿qué estudiar para llegar aquí? El camino puede ser formarse en ramas humanísticas, dado que profesionales así, como antropólogos o sociólogos, son necesarios en las organizaciones. A su vez, especializarse en innovación, tecnología, change management… Pero, sobre todo, como he comentado antes, no dejar de aprender nunca.

Y, para finalizar, si me permites, entrando un poco en el ámbito personal, leí en tu blog que otro momento que cambió tu vida fue ser padre. Y también leí que aconsejas a tu hijo que no busque ser el mejor. ¿Qué hay que buscar en esta vida?

Arrastramos una herencia, probablemente de generaciones anteriores, en la que la cultura del esfuerzo ha sido lo más importante: hay que ser el mejor y conseguir éxito. Lo que quería trasladarle es que lo importante en esta vida es ser uno mismo. Y a quien no le guste, pues que no le guste. Cuando nos esforzamos mucho en conseguir algo, sobre todo en el ámbito profesional, estamos desatendiendo otras cosas que quizás son mucho más importantes.

Quizás las nuevas generaciones, acostumbradas a tener muchas cosas al instante, deben encontrar un equilibrio entre lo que comentas y la paciencia…

Ojalá puedan disfrutar de la vida de otra manera, porque creo que este equilibrio es la clave para ser feliz. Es decir, se puede vivir con pasión una profesión, pero hay muchos más ámbitos de la vida a los que dedicarles pasión, muchos amores. No solo el profesional. 

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