Entrevistas Alumni

Isabel Soto Gavaldà - Entrevistas UOC Alumni
Isabel Soto Gavaldà
05/12/2019
Roser Reyner
Alumni


Grado de Educación Social





Isabel Soto Gavaldà

«La empatía es la herramienta básica para el desarrollo del ser humano»
 

Nació a los seis meses de embarazo y, pocos días después, sufrió un derrame cerebral que le desencadenó una hemiplejia, es decir, problemas de movilidad en la mitad del cuerpo. Tiene, por consiguiente, un certificado de discapacidad. A veces, cuando habla, se atasca. Pero solo necesita un poco más de tiempo para expresarse clarísimamente. Y tiene mucho que decir. Isabel Soto (Barcelona, 1985) trabaja como educadora después de haber estudiado el grado de Educación Social en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Está convencida de que, si somos conscientes de las propias capacidades y limitaciones, y con mucha confianza, podemos llegar donde nos proponemos, porque la discapacidad, o diversidad funcional, no nos define como personas. Es su primera entrevista y seguramente no será la última.

 

Isabel, sé que tenías muchas ganas de ser un altavoz para otros alumnos de la UOC. En pocas palabras, ¿quién es Isabel Soto?

Isabel Soto es una chica muy observadora, analítica, asertiva, soñadora, prudente, empática, que sabe escuchar desde el amor y la comprensión con unos valores muy marcados. No es perfecta, es humana, comete errores y aciertos. Y, todos los días, intenta ser mejor persona aprendiendo de los demás y de sí misma. 

Cuando te defines no hablas de la discapacidad. Una persona es mucho más que su discapacidad, pero ¿hasta qué punto dicha discapacidad marca la identidad que te construyes?

Una discapacidad no nos define como personas. Somos mucho más que un diagnóstico, debemos ver la diversidad como algo normalizado que forma parte de lo cotidiano. Cuando trabajamos o interactuamos con una persona con diversidad funcional, no debemos enfocarnos en la discapacidad, debemos centrarnos en la persona e ir más allá. ¿Cómo se hace esto? Pues motivando, conociendo, observando, preguntando, pero, sobre todo, teniendo empatía, no solo en el ámbito de la discapacidad, sino en el trabajo y la vida en general. La empatía es la herramienta básica para el desarrollo del ser humano. Un valor fundamental en todo tipo de circunstancias. 

Hablando de desarrollo... Tras el derrame cerebral los médicos dijeron que no andarías nihablarías. Pero andas, te has escolarizado, has realizado un ciclo formativo, después has cursado un grado de Educación Social y ahora trabajas en este ámbito. No todo el mundo, en una situación como la tuya, llega hasta donde has llegado...

Trabajo en una fundación de personas con parálisis cerebral y otras discapacidades severas. Hago de educadora. Las ayudo a realizar las actividades que tienen programadas durante la semana y en las tareas diarias. Y no, no todo el mundo llega a hacerlo. Para llegar, es fundamental que lo desees, que tu entorno esté a tu lado. Pero, sobre todo, tienes que confiar en ti misma, creer en ti. 

¿Siempre has confiado en ti misma?

No, no siempre. Yo sabía lo que quería hacer. Tenía mis objetivos. Pero hay momentos en la vida en los que te encuentras con gente que no te apoya, no te entiende o no sabe cómo ayudarte, y eso te hace desconfiar de ti misma y no te deja ver el potencial que tienes. Llega un punto en el que dices al otro: «Tú tienes tu opinión y yo la mía, y quien vive en este cuerpo y en este espíritu soy yo; por lo tanto, haré lo que considere más oportuno para mí». En la vida encuentras gente que te da la mano y gente que no. Lo más importante es que confíes en ti y sepas cuáles son tus limitaciones y cuáles no. 

En todo caso, para tener esta confianza, ¿cuáles son tus pilares en la vida, los que te han ayudado a desarrollar las capacidades o a sentirte útil y válida, sean personas, actitudes o situaciones?

Mi fortaleza mental, es decir, la interior, y la constancia, la perseverancia y, sobre todo, la tozudez. De mi entorno, ha sido un pilar mi familia, que ha estado y sigue estando a mi lado. También los amigos de verdad y sinceros, que te valoran por quién eres y no por tus condiciones físicas. Y las personas que vas conociendo a lo largo de tu recorrido vital, que te enseñan la cara más amarga y la más dulce de la sociedad. Las situaciones desagradables que en determinados momentos puedes vivir. El sacrificio, el esfuerzo, los resultados que obtienes a base de trabajar, la voluntad que conlleva superarse cada día. Los profesores que me han apoyado con sus experiencias vividas y las mías propias. La discapacidad no llega con un manual de instrucciones, no tiene cura, la mejor cura es aprender a convivir con lo que te pasa, aceptarte y estar rodeada de la gente que te quiere. Yo quería hacer esto desde que tenía cinco años. 

¿A qué te refieres cuando dices «quería hacer esto»?

A estudiar educación. Cuando tenía cinco años, no sabía qué era la educación social. Yo quería ser educadora de niños pequeños, de niños con diversidad funcional... La cuestión era ayudar a los demás.

Ayudar a los demás es terapéutico, ¿verdad? 

Sí. Si ayudas a los demás, no estás tan pendiente de ti y eres más feliz. A mí, eso me ha ayudado mucho. 

Elegiste cursar el grado de Educación Social en la UOC. ¿Por qué tomaste esta decisión?

Quería estudiar un grado. En ese momento, trabajaba en una guardería. No tenía tiempo de ir y venir de la universidad. Mi hermana mayor estudiaba el grado de Derecho en la UOC. Hablé con la secretaria y me informó un poco de esta. Le comenté mi caso y vi claro que la forma de trabajar de la UOC se adaptaba a mis necesidades y circunstancias. 

¿Cómo se ha adaptado la UOC a tus circunstancias?

 He trabajado los contenidos y he hecho los exámenes igual que todo el mundo; lo único es que me dejaban más tiempo para terminar los exámenes.

 A pesar de todo, siempre suele haber cosas por mejorar. ¿Hay algo que propondrías a la UOC para las personas con diversidad funcional?

Pues sí, en la UOC y en general. Necesitamos, por ejemplo, que en los planes de los grados sociales se introduzca la asignatura Lengua de signos. Muchos profesionales de este ámbito no están preparados para ella. Conocer la lengua de signos permite comprender mejor a muchas personas con diversidad funcional y facilita su integración en la sociedad. 

¿Tú has aprendido la lengua de signos?

Sí. En el centro donde trabajo tenemos alumnos que no pueden hablar: son sordos, sufren autismo o tienen el habla afectada. Trabajamos con lengua de signos y pictogramas. Es muy enriquecedor. Cuando utilizamos estas dos herramientas, la persona con diversidad se siente más integrada y su autoestima mejora. Si no lo hacemos, la persona no está motivada ni sale adelante.

 

Hablando de mejorar, ¿qué pedirías a los políticos, a los legisladores y a los empresarios para
mejorar la vida de las personas con discapacidad?

En el caso de los empresarios, les pediría que dieran más oportunidades laborales a las personas discapacitadas, para que ellos también han tenido las suyas, ¿verdad? También les pediría que adaptaran los puestos de trabajo pensando en estas personas. He ido a muchos lugares a pedir trabajo y me han puesto excusas. Pienso que todos tenemos derecho a estudiar lo que queramos. Un ejemplo muy claro es mi caso. En el trabajo hago todo lo que hacen los otros menos utilizar la grúa para cambiar a los niños, una tarea que no puedo realizar. El resto de cosas, las hago perfectamente. Esto es adaptar el trabajo. Es nuestro derecho. En el caso de los políticos, les pido que cambien o, mejor dicho, cumplan algunas leyes. Por ejemplo, en el ámbito educativo, introducir más profesionales que estén preparados para ayudar a este colectivo y sus familias. En la rama sociosanitaria, los profesionales deberíamos estar más valorados y los sueldos deberían ser más altos, porque trabajamos para y con las personas, y no son máquinas de hacer dinero. Con todo ello quiero decir que somos seres humanos y tenemos que ser conscientes de que, esto que me ha pasado a mí, le puede pasar a todo el mundo. A mí me han dicho que estudie economía, matemáticas, administración o ciencias políticas por mis condiciones físicas. Pero no es lo que yo quería, no me llenaba el alma. Siempre he deseado ayudar a los demás y creo que, en la vida y en la profesión que elijas, debes sentir pasión y hacer las cosas con amor. La sociedad tiene la obligación de integrarnos. Es muy importante que valoremos a cada persona por lo que pueda dar y que la motivemos hacia las capacidades que tiene, en lugar de remarcarle sus limitaciones. 

¿Hay algo que te sepa mal no poder hacer?

No, porque desde pequeña he ido trabajando mis limitaciones y mis capacidades. Te pongo un ejemplo. Yo quería trabajar con niños en una guardería y las profesoras del ciclo me dijeron que no lo podría hacer. Les pregunté quiénes eran ellas para decirme qué podía hacer y qué no podía hacer. Todo esto me dio fuerza y conseguí trabajo en una guardería. Lo más importante es que busques la forma y los recursos para poder hacer lo mismo que los demás, pero a tu manera. Y aquí hago un inciso: tenemos que respetar los ritmos de cada cual. Muchas veces, las personas tienden a compararse, pero esto no está bien, porque cada persona es un mundo y debemos entender que cada cual tiene sus circunstancias, sea en el ámbito de la discapacidad o no. 

Compararse, una enfermedad del mundo de hoy...

Sí. Y, también, hay que evitar juzgar a nadie. Porque todo el mundo lleva su mochila. Si puedes ayudar sin juzgar, hazlo. Si no puedes, retírate. Pero no juzgues a nadie, porque no sabes por qué circunstancias está pasando esa persona en su vida. 

Actualmente, ¿qué retos te planteas?

 

 

Uno de los retos ya lo estoy consiguiendo, soy afortunada: trabajo de lo que he estudiado. El reto que ahora tengo en mente es hacer radio. Es algo que he querido hacer desde pequeña. Y también escribir en un periódico.

 

¿Has dado algún paso, en este sentido?

En relación con la radio y los periódicos, aún no. Pero he conseguido hablar en público, dar charlas sobre discapacidad y motivar a otras personas. También quería que me hicieran entrevistas, pero me daba mucho pánico. Y ahora estoy haciéndolo. Todo llega, poco a poco. No se trata de ponerse grandes metas, sino pequeños objetivos para ir consiguiendo las cosas.

Fantástico, avanzar paso a paso.

 

Y otra cosa: me gustaría dar las gracias a la UOC por dejarme ser yo misma y no ponerme límites. Y también a Montse Roca por darme esta oportunidad laboral y a todas las compañeras y compañeros de la Fundación la Espiga, donde trabajo. A mi familia: mi padre, mi madre, mis hermanos y mis sobrinos. Y a los profesores que he tenido a lo largo de la vida. A mis amigos, en la escuela Speh, a las familias que luchan cada día por dar una mejor calidad de vida a sus hijos, al Colegio Residencia L'Arboç y, sobre todo, a mi discapacidad, porque sin esta circunstancia no habría sido la persona que soy hoy en día.

Es saludable, ser agradecido.

 

 

Por supuesto, nunca debemos olvidar a las personas que te tendieron la mano cuando más falta te hacía. 

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