Entrevistas Alumni

Efrem Melián Ferrandiz
Efrem Melián
17/06/2020
Marian Antón
Alumni
Grado de Psicología i Máster universitario de Psicopedagogía





«No somos conscientes de las luchas invisibles que hay detrás de las pantallas de los ordenadores de los estudiantes con discapacidad»

Tras varios trabajos, con 36 años, Efrem Melián se matriculó de Psicología en la UOC. Después de terminar el grado, se orientó hacia la psicoterapia e hizo un máster privado en una clínica. Justo cuando empezaba a dedicarse a la terapia, le surgió la posibilidad de trabajar como asistente de investigación en el grupo GenTIC del Internet Interdisciplinary Institute (IN3), donde trabajó durante dos años. También se matriculó del máster universitario de Psicopedagogía y lo terminó en enero con un interesante TFM que está relacionado con los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030. Por ahora, sus planes son empezar el doctorado de Educación y TIC (E-learning) también en la UOC el año que viene. 

 

 

El estudio se enmarca en el TFM del máster universitario de Psicopedagogía y es fruto del trabajo en equipo. Julio Meneses, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y también director de mi TFM, me propuso el tema ante la necesidad de hacer más visibles las vivencias de este colectivo en una universidad que concentra una cantidad muy importante de los estudiantes con discapacidad de Cataluña. También influyó en la decisión la posibilidad que teníamos de colaborar con Sílvia Mata, que trabaja con estas personas en los Servicios de Acompañamiento al Estudiante de la UOC. Pensábamos que esto nos facilitaba el acceso a los informantes y que también podría servir para obtener retorno de los estudiantes con discapacidad sobre el funcionamiento de este servicio en la UOC. 

¿Por qué elegisteis estudiar precisamente el momento de comunicación de la discapacidad?

Como parte inicial del trabajo, hice una revisión de la bibliografía internacional sobre personas con discapacidad en la educación superior. Cuanto más leía, más me parecía que había un foco de tensión más o menos explícita que recorría transversalmente la experiencia de este colectivo en la universidad. Y era el tema de la revelación o comunicación de la discapacidad, del que hay mucha bibliografía. Me parecía crucial la gestión de la persona a la que se revela la discapacidad, del momento y la forma de hacerlo, del porqué, y de los resultados y los costes que representa. Y más teniendo en cuenta que quería tener una muestra que representara no solamente a las personas con discapacidades más aparentes, sino también al creciente grupo de personas con necesidades que se derivan de problemas como los trastornos mentales, el TDAH, los problemas de aprendizaje o las enfermedades con reconocimiento parcial, reciente o desigual, como la fibromialgia o la sensibilidad química. Todo esto estaba influido por el entorno particular de la UOC: al ser una universidad completamente en línea, surgen interrogantes sobre si los resultados de la mayoría de la investigación que se ha hecho hasta ahora —que se refiere a la enseñanza superior presencial— pueden aplicarse a su modelo. Por supuesto, solo pueden aplicarse parcialmente, ya que el medio de interacción —en nuestro caso, el Campus Virtual— modifica las identidades de los intervinientes. En el caso de las personas con discapacidad, por ejemplo, todas las discapacidades se convierten, de facto, en invisibles.

¿Cuál era vuestro objetivo?

Primero queríamos oír la voz de estos estudiantes. Los estudiantes con discapacidad no se sienten suficientemente escuchados y quieren compartir su visión de las cosas. Más concretamente, queríamos saber cómo les había ido en la UOC, conocer de primera mano sus experiencias: por qué habían comunicado la discapacidad —o por qué no lo habían hecho—, si les había resultado útil hacerlo, si les había supuesto un coste personal o emocional, si se habían sentido acompañados o si habían tenido la sensación de tener que buscarse la vida para recibir los apoyos a los que tienen derecho. 

También queríamos captar si hay diferencias en todas estas percepciones según el tipo de discapacidad con la que conviven los estudiantes. Por eso tuvimos en cuenta, por un lado, los problemas de tipo más físico y de movilidad —que denominamos tradicionales— y, por el otro lado, los problemas que denominamos emergentes —por su incorporación masiva en los últimos años en el reconocimiento institucional—, que son los trastornos mentales y los trastornos del aprendizaje, principalmente. 

¿Qué ayuda recibisteis de la UOC?

Recibí la ayuda derivada de cursar el TFM del máster universitario de Psicopedagogía. Julio Meneses dirigió el trabajo en la vertiente académica y Sílvia Mata colaboró dedicándole tiempo, explicándome el funcionamiento del servicio de acompañamiento al estudiante y facilitándome el acceso a los estudiantes, pero el estudio se hizo sin financiación.

¿La investigación se llevó a cabo con entrevistas a estudiantes?

Sí, dada la limitación de tiempo (teníamos que hacer toda la investigación en un cuatrimestre académico), optamos por utilizar el correo electrónico para hacer llegar las preguntas a los estudiantes. Nos parecía un medio bastante accesible y con el que todos estamos acostumbrados a trabajar en la UOC. Aunque recibimos más de cien peticiones para participar en el estudio, elegimos una muestra de 34 personas. Yo no podía manejar un número mayor de entrevistas, teniendo en cuenta que, además, hacía otras asignaturas del máster y que la entrevista no se limitaba a un único intercambio, sino que implicaba varias rondas de preguntas y repreguntas. Por lo demás, los participantes se mostraron muy colaboradores y predispuestos a compartir sus vivencias, y todos menos uno completaron la entrevista. 

¿Qué es lo que más te sorprendió de sus experiencias?

Fue sobrecogedor por la dureza de las situaciones en las que a menudo se encuentra este grupo de estudiantes y por cómo se esfuerzan para seguir el ritmo del resto de estudiantes a pesar de sus dificultades. Ahora pienso, de forma muy especial, en los estudiantes con más de una discapacidad, que conviven con problemas muy complejos. Sinceramente, todos me parecen dignos de admiración. Y considero que no somos conscientes, como estudiantes, profesores o institución, de las luchas invisibles que hay detrás de las pantallas de sus ordenadores. 

¿Alguna conclusión del estudio que quieras destacar?

Una de las principales conclusiones del estudio tiene que ver con la gran diversidad que existe dentro del colectivo que agrupamos bajo la etiqueta de estudiantes con discapacidad. Hay mucha variabilidad en el tipo de identidad con la que se identifican, en las vivencias y en las necesidades expresadas según el tipo de problemas que presentan.

Por un lado, constatamos que entre los estudiantes con discapacidades tradicionales existe la necesidad de tener más presencia y de que haya una mayor normalización del colectivo por parte de la institución, en términos de más interlocución y de más promoción e información sobre la discapacidad. Parece que estos estudiantes se sienten más próximos a la identidad de persona con discapacidad. 

Por otra parte, el grupo de estudiantes con discapacidades emergentes —desde una mayor ambivalencia con la identidad de persona con discapacidad— reclama más reconocimiento de sus problemas. En sus interacciones con los agentes institucionales, a menudo se sienten poco comprendidos y con menos credibilidad que en el caso de las personas con discapacidades tradicionales. También tienen más miedo a la estigmatización asociada a sus problemas cuando se deciden a revelarlos. 

¿Cuáles son tus propuestas de mejora?

Aproximadamente la mitad de los estudiantes consultados se mostraron razonablemente satisfechos con la atención recibida, pero entre las respuestas críticas se repitieron unos puntos muy concretos en los que los participantes consideraban que había un gran margen de mejora. Por un lado, veían la necesidad de contar con un servicio de atención específico para los estudiantes con discapacidad. Actualmente, la atención a la discapacidad está integrada dentro de la atención general a todos los estudiantes.

Por otra parte, pedían un seguimiento proactivo y personalizado por parte de la institución en todas las etapas de su trayectoria como estudiantes: desde la información a la hora de matricularse hasta la graduación. Finalmente, y refiriéndonos específicamente al proceso de comunicación de la discapacidad, surgió frecuentemente la conveniencia de facilitar este proceso: hacerlo más ágil, eficaz y menos burocrático. Actualmente esta revelación a menudo debe repetirse semestre tras semestre —como me contaron varias personas, la discapacidad no desaparece en un semestre— y con varios agentes. Se percibe como un proceso pesado y que puede tener costes elevados en términos emocionales.

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