Entrevistas Alumni

Dan Pontarlier
Dan Pontarlier
17/05/2019
Roser Reyner
Alumni


Máster universitario de Turismo Sostenible y TIC





«Busca en Google marcas de fast fashion y te aparecerán aquellas cuyos productos no debes comprar»
 

Dan Pontarlier (Barcelona, 1988) dedica buena parte de su tiempo a promocionar la moda masculina sostenible como influencer y modelo completamente tatuado. Lo que en un principio era una afición se ha convertido en algo más. Estudiar el máster universitario de Turismo Sostenible y TIC de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) fue un punto de inflexión en este sentido, que marcó sus inquietudes y su carrera.

 

Empezaste en el mundo hotelero y académico, te fuiste centrando en la sostenibilidad y pasaste a ser influencer y modelo. ¿Cómo explicas esta evolución?

Cuando estaba terminando la carrera de Turismo, después de un Erasmus en París, trabajé como recepcionista en un hotel y me gustó. Hice un máster de dirección hotelera y me acabé interesando por el marketing: presenté una propuesta y me contrataron como director de marketing. Posteriormente, una profesora que había tenido en la universidad me propuso hacer un doctorado. Me presenté, me faltaban créditos y, sinceramente, me metí en la UOC por este motivo y porque eran unos estudios en línea. Pero el máster tuvo un gran impacto en mí y dije: «Me quiero dedicar a la sostenibilidad». Dejé el hotel donde trabajaba y decidí emprender un nuevo rumbo: ahí fue cuando el Gremi d’Hotels de Barcelona se interesó en mí para llevar el área de Responsabilidad Social Corporativa y Medioambiental. Después de trabajar durante un tiempo para ellos, aprendí por mi cuenta la importancia de la sostenibilidad en todas las facetas y acciones de la vida diaria. Como, por otro lado, siempre he tenido un gran interés en la moda y lo visual, todo acabó relacionándose. Empecé a promocionar y comunicar la sostenibilidad en el mundo de la moda y el diseño por las redes sociales. Así conocí Role Models Management, una agencia de modelos éticos de Los Ángeles.

El año 2017 es clave en ese sentido: es cuando terminas el máster de la UOC y lanzas desde París  sustainable-man.com.

Exacto. Trabajaba para el Gremi d’Hotels de Barcelona, pero quería seguir avanzando en la promoción de la sostenibilidad y vi que, en Europa, el mundo de la moda sostenible tenía carencias de comunicación y de promoción. Y pensé que, si somos influencers, debemos influir con compromiso. Al ver la reacción de las marcas y la gente que me seguía por estos temas, decidí lanzarme y dedicarme a esto.

¿Hacen falta buenos contactos para ser un influencer?

La verdad, en mi caso no mucho. Me especialicé en marketing. Tengo conocimiento de redes sociales. Sabía en qué momentos debía utilizar ciertos hashtags, cómo obtener más alcance, etc. Gracias a ese conocimiento, no necesité conocer a nadie ni contactar con ninguna agencia para esto. De hecho, contacté con la agencia de modelos de Los Ángeles cuando ya tenía más de 16.000 seguidores. Después sí que me ha ayudado estar en la agencia, puesto que el 16 % de mis seguidores son de Estados Unidos; y sobre todo, me ha ayudado el estar en contacto con modelos que ya son conocidos por ser modelos éticos en Estados Unidos. No haber necesitado conocer a nadie es un plus para mí: me hace sentir que, si quieres y tienes ganas, puedes.

¿Cómo es tu día a día, en el sentido del contacto con las marcas, los fotógrafos, etc., o incluso en cuanto a los ingresos? ¿Hay trabajos que son solo una inversión?

Hay marcas con las que colaboro con paid partnerships, porque hay un trabajo detrás: escribo en el blog y pago a los fotógrafos y videógrafos con los que trabajo. Si somos sostenibles, debemos serlo a todos los niveles. Si reclamas ser una marca ética y sostenible socioeconómicamente, no puedes pretender que fotógrafos, bloggers, influencers, etc., trabajen de forma gratuita para ti. De hecho, no tiendo a hacer colaboraciones gratuitas, aunque es cierto que hay marcas que me «tocan» mucho por lo que hacen y podría llegar a hacerlo. Luego también hay ocasiones en las que decido pagarme mi billete para apoyar una causa relacionada con la sostenibilidad. En cualquier caso, mi día a día no es monótono. Viajo bastante. Eso es bueno, porque puedes ser versátil y amoldarte a muchas cosas, pero a veces es un poco estresante, porque no solamente me dedico a esto: también doy clases en escuelas de negocios, reviso artículos científicos y soy consultor de marketing y sostenibilidad de varias marcas y compañías. Además, he cofundado el European Sustainable Hospitality Club, para promover la sostenibilidad en el ámbito de la hotelería en Europa.

Vivir solo de ser influencer, y en moda masculina, ¿es complicado?

En moda masculina es más complicado. Y el hecho de tener unos valores, unos principios, te limita bastante. En los dos últimos años he rechazado una gran cantidad de colaboraciones con marcas que no son sostenibles ni tienen intención de serlo. Podría vivir mejor, pero ¿dónde quedarían mis principios y mis valores? Mucha gente que me sigue no es vegana, ni sostenible. Quizás me sigue por los tattoos, o por la barba. También a esas personas les quiero comunicar el mensaje de la sostenibilidad, que se convierta en algo mainstream. No basta con comunicar las ideas solamente a las personas que ya están implicadas en ellas, tenemos que implicar a los demás.

Hablando del mensaje, ¿cómo escoger marcas asequibles y sostenibles?

Es difícil. Hay mucho greenwashing, es decir, mucho lavado de cara verde. Hay marcas muy conocidas que están empezando a explicar que usan materiales reciclados, o que tienen una gama de ellos conscientemente. Me parece genial. Pero hay otros factores. Por ejemplo, qué sostenibilidad social se encuentra en el trasfondo. Hay empresas subcontratadas para crear productos que estas marcas están vendiendo a precios ínfimos. ¿Cómo puede ser? En Camboya hay mujeres que trabajan 68 horas semanales por menos de 200 dólares de salario mensual. Busca en Google marcas de fast fashion y te aparecerán aquellas cuyos productos no debes comprar. Y averigua lo que hacen. Hay que buscar en internet. Informarse.

Dedicarle tiempo… ¿Y buscar proximidad?

Sí. Y otra cosa: he aprendido que, cuando me compro una prenda, tengo que ser capaz de ver si me la puedo poner en cinco o seis combinaciones diferentes y si la voy a llevar más de cien veces. Si no, no me la compro.

Esto es sostenibilidad…

Me lo ha explicado Roberta Lee, una estilista y personal shopper de moda sostenible, además de fundadora del Ethical Brands Directory. Imagínate a qué niveles de especialización estamos llegando. Pero tiene razón. Además, cuando compras moda ética tiene mucha más calidad que las piezas de fast fashion. La industria de la moda rápida fomenta el consumismo dentro de un sistema capitalista. De acuerdo, vivimos en un sistema capitalista, pero debemos hacerlo de la mejor forma posible para impactar lo menos negativamente en la sociedad o el medio ambiente. Una pieza sostenible es una inversión. Y, si la compras, es porque te gusta. ¿Por qué la quieres para solo una temporada?

¿Tienes prendas de ropa muy antiguas?

Tengo una chaqueta de quince años y pantalones de seis años. Yo me visto con prendas que realzan mi persona o mi personalidad, o ambas cosas a la vez. No debería ser que la prenda vista a la persona y que nos centremos en «lo que se lleva esta temporada». Muchas veces no estás viendo a la persona, estás viendo solamente el atuendo, y eso, según mi punto de vista, es un error. Está claro que las temporadas tienen un sentido, pero no abandonemos nuestras piezas «amadas» anteriormente.

¿Te puedes mojar y recomendarnos marcas sostenibles?

Me vienen a la cabeza Thinking Mu, Ecoalf, Silvia Calvo, Knowledge Cotton Apparel, Dedicated o Lost in Samsara.

¿Y los políticos? ¿Qué pueden hacer en este ámbito para regular el sector?

No es fácil. Pero por ejemplo, en Francia, donde vivo, si una marca comete algún tipo de infracción en relación con la subcontrata de un producto, tiene que responder de ello, aunque no haya sido directamente ella la que ha explotado a unos trabajadores. Y en España esto no funciona de la misma forma, según tengo entendido.

Ya vamos terminando, pero me pregunto el porqué de tu nombre artístico.

[Se ríe.] Dan viene de Daniel, mi nombre, es como siempre me han llamado mis colegas en el extranjero. Y Pontarlier es un pueblo francés. En un cuadro que compré en París en 2011, del estilo de las ilustraciones de Alfons Mucha, aparecía un gato junto a un periódico del pueblo, donde se leía su nombre. Te lo explico. Antes, por un lado, tenía mi Instagram, donde se veían todos mis tattoos, mis trabajos como modelo… y, por otro lado, tenía mi LinkedIn y mi Facebook con mi nombre real. ¿Por qué? Pues porque desgraciadamente los tatuajes todavía están mal vistos, tienen una connotación social destructiva, negativa. Estar tatuado me afectó, en algunos momentos, a la hora de buscar un empleo o hacer una entrevista. A día de hoy, si alguien no me quiere por mis tattoos, a mí tampoco me interesa trabajar en su compañía, pero cuando era más joven, no era así. Quería desvincularlo y busqué un seudónimo. El seudónimo apareció en un momento decisivo y ahora no me lo quiero cambiar. Además, personas con las que trabajo en el ámbito del turismo o del marketing me dicen que no parezco el mismo cuando me ven como modelo o influencer. Dan Pontarlier es una personalidad creada a partir de mí, es mi marca personal.

Pero la sostenibilidad y los tattoos son de los dos: de Dan y de Daniel.

 

Sí. Eso sí [se ríe]. Y no olvidemos que la sostenibilidad también es que todos los cuerpos son diferentes y únicos. De tallas diferentes, tatuados o no. No olvidemos respetar esto, somos peculiares y debemos acabar con los cánones creados en ciertas industrias.

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