Entrevistas Alumni

Carlos E. Jiménez
Carlos E. Jiménez
03/03/2019
Roser Reyner
Alumni


Máster universitario Ciencia de Datos





«En el ámbito tecnológico, cada vez es más necesario un compromiso similar al juramento hipocrático de la medicina»
 

Carlos E. Jiménez (Madrid, 1968) forma parte del primer grupo de graduados del nuevo máster universitario de Ciencia de Datos (Data Science) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Para él, estudiar en línea era una buena opción porque viaja a menudo por trabajo y vive en EE. UU., donde reconoce que se multiplican las oportunidades profesionales. Cursó el máster porque considera que, en su trabajo como consultor de gobierno digital, es necesaria una actualización continua de conocimiento. Pero la ciencia de datos —subraya— es un área multidisciplinar que requiere que la ética también ocupe un lugar importante, ya que incluye ámbitos como el aprendizaje automático y la inteligencia artificial. En su opinión, la ética es fundamental para que la tecnología sea beneficiosa para la humanidad. Este es el lema de la organización sin ánimo de lucro IEEE, referente internacional, con la que ha colaborado voluntariamente durante años. Hoy ocupa un puesto en el órgano de gobierno de la IEEE Computer Society. 
 

«En el ámbito público, con la ciencia de datos están por llegar cosas apasionantes»

 

Como consultor, ayudas a modernizar instituciones públicas con la aplicación de la tecnología. Trabajo no te va a faltar…

[Se ríe] Hay trabajo, sí. La idea es utilizar la tecnología para mejorar el servicio que las organizaciones públicas prestan al ciudadano, que al final es de lo que se trata. Y el ritmo de los avances tecnológicos es vertiginoso, así que los cambios suelen tener también un alcance importante. En las personas y en las organizaciones, muchas veces es complicado romper con costumbres y procesos arraigados, y en las organizaciones del ámbito público, aún más.

¿Por qué te atrae este ámbito y no la empresa privada?

Es un ámbito que me gusta, con el que siempre he estado vinculado y que conozco muy bien desde dentro. Ya en los inicios de mi etapa profesional, que comenzó al superar unas oposiciones hace casi treinta años, fui tomando consciencia de aspectos que se podían o debían mejorar. Inspirado por el uso de la tecnología como instrumento para lograr esas mejoras, y compaginándolo con mi trabajo, pasé de estudiar una licenciatura de Derecho a estudiar Ingeniería Informática, luego un posgrado y posteriormente dos másteres. Ello me ha permitido aunar la pasión por la tecnología con la mejora de las administraciones por medio de ella.

Uno de los países en los que actualmente trabajas es la República Tunecina, que encabezó la Primavera Árabe y que se ha considerado una especie de laboratorio de la democracia en el mundo árabe. ¿Qué haces en Túnez?

Efectivamente, en uno de los proyectos en los que estoy trabajando presto asistencia especializada a una organización norteamericana, el  National Center for State Courts, que apoya a las autoridades del país en la construcción de una plataforma digital en el ámbito de la lucha contra la corrupción. El proyecto se encuadra en un programa de cooperación de EE. UU. con la República Tunecina. Desde que se produjo la revolución en este país, se está haciendo un gran esfuerzo para la consolidación democrática, el incremento de la transparencia y la rendición de cuentas al ciudadano. Y en estos procesos la tecnología es hoy fundamental.

Al pasearte por sus calles, ¿cómo has visto el país? Parece que hay mucho paro juvenil.

Hay problemas laborales, aunque esto, desafortunadamente, también lo hemos sufrido en España en los últimos tiempos. Mi percepción es que el país realmente se está modernizando. Están avanzando, y las instituciones se están transformando, aunque los cambios son complejos y requieren tiempo. Muchas de las personas con las que colaboro allí son jóvenes que han terminado sus estudios hace poco tiempo, y es gente profesionalmente brillante. Creo que tienen un gran futuro por delante.

Tu experiencia en el ámbito judicial es extensa. En Latinoamérica y también en Cataluña participaste en un proyecto para promover una administración judicial sin papeles. ¿Cómo fue?

Efectivamente, durante casi diez años participé en el proyecto e-Justicia.cat. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras profesionalmente. Tuve la fortuna de vivir el proyecto desde el inicio. Un proyecto así es enorme no solo desde el punto de vista tecnológico, porque requiere reformas legislativas, nuevas aptitudes en los funcionarios y un cambio extraordinario en la organización. De hecho, fue este proyecto el que me llevó a hacer un primer máster en la UOC para profundizar en la investigación de los problemas que se presentaban y poder aportar algo aunando la perspectiva académica y la vertiente práctica.

Y, como comentabas, trabajaste durante más de dos décadas en el ámbito judicial español. ¿Cómo ves la salud de la justicia española, ahora que se habla tanto de judicialización de la política y de politización de la justicia?

Es un tema complejo. Con la Constitución de 1978 se crearon unas estructuras determinadas que quizá sea necesario modernizar. En todo caso, yo he tenido la fortuna de conocer a responsables del poder judicial con una manifiesta voluntad de mejora, con verdadero interés por dar lo mejor de la justicia, buscar la proximidad con el ciudadano y crecer en transparencia y apertura. Otros ámbitos de la Administración pública han hablado antes del gobierno abierto; también la justicia está avanzando hacia esa apertura. Los cambios, no obstante, requieren tiempo. Mi perspectiva, ahora un poco desde lejos, es que van en esa dirección. Creo que es significativo que órganos como el Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial  destaquen en aspectos como la transparencia.

Supongo que ahora conoces más de cerca el sistema judicial en EE. UU. ¿Qué destacarías en el ámbito de la ciencia de datos?

En EE. UU. el uso de análisis y visualizaciones ya está extendido en el ámbito de la justicia, y la utilización de herramientas asociadas a la inteligencia artificial ha pasado de las iniciativas experimentales a empezarse a integrar en el sistema judicial. Además, se  reconoce el potencial de la ciencia de datos para la mejora de la justicia, y se han publicado  resultados en esta dirección. De hecho, los sistemas basados en algoritmos para tomar decisiones se utilizan en todo el país. California, por ejemplo, ha promulgado una ley sobre la libertad provisional previa al juicio que sustituye el depósito de una cuantía económica por evaluaciones del nivel de riesgo, que se basan en predicciones hechas por este tipo de sistemas. La intervención de científicos de datos se considera necesaria para transitar por este camino en el ámbito de la justicia.

¿Los datos, tan fríos e interpretables, podrán ayudarnos a hacer un mundo más humano?

En el máster pude estudiar la importancia y los potenciales riesgos de la preparación de los datos para el entrenamiento, el test, la validación y la predicción utilizando algoritmos de aprendizaje automático. Tenemos que ser conscientes, cada vez más, de la importancia de la rigurosidad metodológica y de la ética en el uso de la tecnología. Esto ha sido así siempre, pero hoy en día las máquinas pueden hacer de forma autónoma análisis muy avanzados, y los algoritmos y la preparación de los datos están hechos por personas, lo que puede llegar a influir en los resultados. A este respecto, afortunadamente, ya se están desarrollando iniciativas en las que la ética es un elemento central. Pero, además, en mi opinión, en el ámbito tecnológico cada vez es más necesario un compromiso similar al juramento hipocrático que existe en la medicina.

Tu trabajo de final de máster lo dedicaste al uso turístico de las bicis de Nueva York…

Lo hice debido a mi interés en lo que se conoce como Smart Government, ligado a las ciudades inteligentes y a la apertura de datos. Utilicé datos abiertos de la ciudad de Nueva York, del sistema meteorológico de EE. UU. y de eventos del calendario local para analizar el uso del servicio de alquiler compartido de bicicletas por parte de los turistas que visitan la ciudad. Busqué los mejores resultados en la predicción a partir de diferentes algoritmos. Esto ayudaría a conocer las tendencias, mejorar la planificación, optimizar recursos, impulsar el turismo y revitalizar determinadas zonas de la ciudad. otros resultados, considero que, para lograr un aprovechamiento óptimo y adecuado de procesos basados en la inteligencia artificial, la incorporación de científicos de datos en el ecosistema organizacional público acabará siendo imprescindible.

En tu ámbito como experto, ¿qué es lo que más te apasiona a día de hoy?

Me parece apasionante lo que se está abriendo paso en la modernización de las administraciones públicas con la explotación de los datos y las tecnologías emergentes. Puede ser la combinación perfecta para dar un gran salto en el ámbito del gobierno digital. Estamos entrando en una nueva era en la que ya se habla abiertamente de aplicación de la inteligencia artificial en las organizaciones. En el ámbito público, con la ciencia de datos están por llegar cosas apasionantes. Previamente ha habido países que ya han vivido grandes transformaciones implantando el gobierno electrónico, como es el caso de Estonia, reconocido internacionalmente. Pero ahora el salto puede ser mucho mayor.

Y parece un tema más allá de los colores políticos. ¿Qué les podemos exigir a los políticos, en este sentido?

En el caso de Cataluña, en su día hubo un acuerdo en el Parlament que establecía que, independientemente de quién gobernara, el avance en la sociedad de la información era un aspecto prioritario. Y esto ha sido referencia a escala internacional. Porque, al final, independientemente de quién gobierne y de quién esté en la oposición, si realmente se quiere lo mejor para el país, hay aspectos cruciales, más allá de los matices, sobre los que debería haber un acuerdo unánime. Y muchas veces, desafortunadamente, esto se olvida.

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